La Universidad Internacional del Ecuador (UIDE) por medio de su Business School, impulsa una apreciación sobre economía global a través del artículo La paradoja ecuatoriana en tiempos de guerra, elaborado por el docente Pablo Hidalgo. Aquí se aborda el impacto del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel, que vuelve a posicionar al crudo como eje central de la economía mundial, generando incertidumbre y volatilidad en los mercados internacionales.
Durante marzo de este año, el precio del West Texas Intermediate (WTI), un tipo de petróleo crudo de alta calidad, ligero y bajo en azufre producido en EE. UU., experimentó fluctuaciones abruptas, pasando de $70 a $116 y luego estabilizándose en $87 en abril. Este comportamiento reflejó el temor ante posibles interrupciones en rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz. El fenómeno evidenció cómo factores geopolíticos inciden directamente en la estabilidad energética y financiera de múltiples países.
Aunque el aumento del precio del petróleo representó mayores ingresos para el Estado ecuatoriano, el artículo muestra una realidad más compleja. La estructura económica del país, basada en exportación de crudo e importación de derivados, genera una dinámica donde las ganancias externas se vieron reducidas por el incremento en costos internos, afectando sectores productivos y el consumo. Según datos del Banco Central de Ecuador, en 2025 el país importó aproximadamente USD 6 600 millones en derivados.
El impacto que no se ve en cifras
El estudio puso en conocimiento una tensión entre indicadores macroeconómicos y la vida cotidiana. Mientras las cuentas nacionales mostraron mejoras, el encarecimiento de combustibles impulsó la inflación, afectando con mayor intensidad a los sectores vulnerables. “Tensiones geopolíticas y el alza del petróleo responden a disputas de poder que redistribuyen de forma desigual los beneficios del sistema energético global”, expresó Pablo Hidalgo.
El artículo concluye que cada incremento en los precios internacionales ofrece alivio temporal, pero refuerza una vulnerabilidad estructural. Se destaca la importancia de transformar este tipo de coyunturas en oportunidades estratégicas, impulsando la diversificación productiva y la construcción de una economía más resiliente y sostenible en el largo plazo.
